HÁBITOS ALIMENTARIOS SALUDABLES

Hombre joven comiendo manzana

          Existe evidencia científica que sustenta la existencia de una relación entre alimentación e incidencia de diversas enfermedades (e.g. cardiopatía isquémica, accidente cerebrovascular, hipertensión arterial, diabetes mellitus, algunos tipos de cáncer, osteoporosis, estreñimiento crónico, caries dental, etc.). Además, existen trastornos por déficits alimentarios de hierro, folatos o calcio, entre ciertos sectores de la población, que establecen una relación directa entre esos síndromes de deficiencia alimentaria y enfermedad.

          No obstante, aunque esta conexión entre alimentación y salud, además de científica, es obvia para la población en general (todos? sabemos que “somos lo que comemos”), tampoco podemos perder de vista que en la etiología de las enfermedades no contagiosas interactuan aspectos genéticos, conductuales y ambientales, además de los dietéticos.

         Los esfuerzos orientados a la promoción de hábitos alimentarios saludables, en general, han evidenciado que a pesar de que la mayoría de las personas parecen disponer de un conocimiento suficiente sobre nutrición, esta información no se traduce al plano comportamental. El paso de la teoría a la práctica parece entrañar más dificultades de las que se esperaban, planteando la necesidad de diseñar estrategias de intervención más precisas para modificar y consolidar hábitos nutricionales saludables.

          El Institute of European Food Studies (1996) señala que:

  • Las personas no siempre son capaces de cambiar un hábito por sí mismas.
  • No se puede presuponer la información alimentaria que posee la gente.
  • La transformación del conocimiento en conducta es un proceso complejo en el que intervienen variables externas e internas, interactuando de manera estrecha.
  • El paso del conocimiento a la acción suele requerir el desarollo de habilidades específicas, necesarias para el desarrollo de un hábito.

          En PSICOVACUNAS empleamos la intervención psicológica para la modificación de conductas alimentarias habituales, en el contexto de la prevención, dirigida a evitar la aparición de las alteraciones más graves, contribuyendo además a un incremento de la salud y del bienestar de las personas.

          El objetivo no es obtener cuerpos acordes con las tendencias publicitarias, la moda o las presiones sociales sino aumentar el autocontrol en el comportamiento alimentario para alcanzar o mantener nuestro cuerpo sano ahora y en el futuro. Esto se consigue alcanzando el estado motivacional adecuado implicándose en el proceso de cambio, aprendiendo e implementando ciertas técnicas de modificación de conducta alimentaria y previniendo las recaídas en estilos de vida perjudiciales.

          Si desea adquirir hábitos alimentarios saludables o hacerlo extensivo a su familia, su empresa, su centro escolar o de mayores, no dude en contactarnos.

Foto: Álvaro Gil (copyright)

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